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Se
utiliza el mismo acceso que para llegar a la vecina playa de
La Estaca, aunque tomaremos la única bifurcación hacia la
izquierda, lugar donde se separa de la pista que conduce a
la anterior, hasta llegar a una zona repoblada de
eucaliptos. Allí la pista se torna estrecha y defectuosa.
Emprenderemos entonces un descenso de unos 300 metros hasta
llegar al punto donde confluyen de tres arroyos que caen en
cascada y con fuerza hasta el lecho de cantos rodados. El
último tramo se efectúa por un corto y resbaladizo terreno
que se concluye en una bajada por una roca igualmente
resbaladiza. Como dato apuntar que aunque el camino ha
partido desde San Cristóbal, esta zona pertenece ya a
Querúas.
En marea
alta una piedra separa una pequeña parte de esta cala de la
de Cutín, aunque comparte iguales características pues ambas
se encuentran dentro de la ensenada de la Arbosa. Las gentes
del lugar han colocado una cuerda con nudos para escalarla.
Llama especialmente la atención el grosor de sus arenas y la
sensación de poca compactación de las mismas.
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